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Temporada n° 56 Cine gaumont

F
undación Sin Fines de Lucro

Declarada de interés especial por la Legislatura del Gobierno de la Ciudad



www.cineclubnucleo.com.ar


Exhibición n° 7086

Martes 17 de Febrero de 2009

Temporada n° 56 Cine GAUMONT


FROST / NIXON (Ídem., EE.UU. / Inglaterra / Francia- 2008). Dirección: RON HOWARD. Guión: Peter Morgan. Fotografía: Salvatore Totino. Diseño del film: Michael Corenblith. Música original: Hans Zimmer. Montaje: Daniel P. Hanley, Mike Hill. Mezcla de sonido: Peter J. Devlin. Dirección de arte: Brian O'Hara, Gregory Van Horn. Vestuario: Daniel Orlandi. Decorados: Susan Benjamin. Maquillaje: Elizabeth Hoel. Elenco: Frank Langella (Richard Nixon), Michael Sheen (David Frost), Sam Rockwell (James Reston, Jr.), Kevin Bacon (Jack Brennan), Matthew Macfadyen (John Birt), Oliver Platt (Bob Zelnick), Rebecca Hall (Caroline Cushing), Toby Jones (Swifty Lazar), Andy Milder (Frank Gannon), Kate Jennings Grant (Diane Sawyer), Gabriel Jarret (Ken Khachigian), Jim Meskimen (Ray Price), Patty McCormack (Pat Nixon), Geoffrey Blake (director de la entrevista), Clint Howard (Lloyd Davis), Rance Howard (Ollie), Gavin Grazer (director de la Casa Blanca), Simon James (director del show de Frost), Eloy Casados (Manolo Sánchez), Jay White (Neil Diamond), Wil Albert (Sammy Cahn), Keith MacKechnie (Marv Minoff), Penny L. Moore, Janneke Arent (asistente de Frost), David Ross Paterson (presentador de TV), Jennifer Hanley (maquilladora), Robert Pastoriza (cameraman de la entrevista), Louie Mejia (cameraman), Kevin P. Kearns, David Kelsey, James Ritz, Pete Rockwell, Ned Vaughn, Simone Kessell, Ben Pauley, Noah Craft, Talley Singer, Kaine Bennett Charleston, Gregory Alpert, Kimberly Robin, Michelle Manhart, Steve Kehela, Antony Acker, John Kerry, Jenn Gotzon (Tricia Nixon), Googy Gress, Marc McClure, Joe Spano, Michael Patrick Breen, Scott Bryson (John Bryson), Eve Curtis, Sue Mengers, Joe Fedio, Maggie Grant, Christopher Haskell, Kristina Hughes, Candy Ibarra, Dave Johnson, Christopher Jude, Albert Miranda, Victoria Monroe, Eddie Napolillo, Rachael Owens, Robert Phares, Yvette Rachelle, John Robert, Mark Simich ( Hugh Hefner), Arne Starr, Mark Strohman, Jason Suhrke, Robson Vieira, Holly Weber. Productores: Tim Bevan, Ron Howard, Eric Fellner, Brian Grazer. Productores ejecutivos: Todd Hallowell, Louisa Velis. Productoras: Imagine Entertainment, Relativity Media, Studio Canal, Working Title Films. Duración original: 122’.

Este film se exhibe por gentileza de UIP

El film



Este programa debería convertirse en el juicio público a Nixon al que la Justicia no lo sometió. Cada uno de los participantes de la serie de entrevistas entre el periodista David Frost y el ex presidente Richard Nixon que fueron grabadas y televisadas en 1977 –tres años después de la renuncia del 37 primer mandatario norteamericano– parece tener sus razones para estar ahí. Pero nadie expresa las suyas con tanta vehemencia como lo hace el periodista y rabioso militante político James Reston Jr., autor de La condena de Richard Nixon: la historia no contada de las entrevistas Frost/Nixon. Para el presentador televisivo Frost tal vez no fue más que una iniciativa destinada a recuperar su popularidad mediática y revitalizar una carrera que venía en picada: Frost recordaba que la televisación de la renuncia en la que desembocó el escándalo Watergate había sido un éxito de audiencia, con millones de espectadores. Pero Reston Jr., quiso darle un aliento más épico: la televisión debía ocupar el lugar de la Justicia, ahora que Nixon había quedado exonerado para siempre por su sucesor, Gerald Ford. Nixon, entonces, como una llaga abierta en la conciencia democrática norteamericana del siglo XX, que debía empezar a cerrarse de alguna manera.

Esta es la historia de las entrevistas, al menos, según se la narra en

Frost/Nixon

, la película de Ron Howard basada en la obra teatral de Peter Morgan. Y puede que las cosas no hayan sido del todo como se muestran en la película: por ahí pueden leerse, entre una aceptación en general positiva de la crítica norteamericana, a algunos opositores exaltados que cargan contra las licencias dramáticas que se ha tomado el guionista. Entre ellas, la alteración lisa y llana de uno de los diálogos finales de las entrevistas, para que Nixon parezca haber reconocido su culpabilidad en el caso Watergate de una manera mucho más contundente de la que en realidad lo hizo. Todo sea por una escena potente que le dé un cierre a la historia a la altura de los eventos reales a los que hace referencia. Pero lo cierto es que el asunto central de

Frost/Nixon

no parece ser tanto ese evento central en la historia norteamericana, ese capítulo de vergüenza nacional, como el papel que la prensa empezaba a jugar irreversiblemente en la vida política. En otras palabras, que

Frost/Nixon

es más una historia sobre la televisión que sobre Nixon y el Watergate, y el guión de Peter Morgan es muy explícito al respecto.

David Paradine Frost tenía 38 años y una larga trayectoria en la televisión y, aunque para cuando se le ocurrió la idea de convocar a Nixon todavía mantenía su programa Frost Over Australia, sentía que si no recuperaba la pantalla que había tenido en Estados Unidos hasta unos años antes, iba a quedarse afuera del juego donde realmente importaba. Así que para financiar la producción de las entrevistas primero acudió a las principales cadenas televisivas norteamericanas, que lo rechazaron una por una. E incluso cuando logró reunir el dinero (que no era poco: algo así como dos millones de dólares) por su cuenta, entre amigos adinerados y sponsors, fue criticado por parte de la comunidad periodística, que lo acusaba de hacer paycheck journalism: pagar para conseguir notas. Porque efectivamente, así fue: Nixon se encontraba retirado en una gran casa en la costa este, recuperando su quebrantada salud, escribiendo sus memorias y negándose sistemáticamente a dar entrevistas cuando Frost lo llamó, con la única oferta que consiguió sacarlo de su relativa reclusión: un contrato por 600 mil dólares, los primeros 200 mil a pagar no bien firmaran, independientemente de si el programa llegaba o no a buen puerto. Además –un dato omitido en la película– un 20 por ciento de las ganancias. Todo esto, que puede parecer apenas anecdótico alrededor de lo que sería luego considerado un programa histórico, es una de las preocupaciones centrales de la película: el relato de los obstáculos encontrados por el camino y la preparación para el match que muchos creían jamás se concretaría, entre ellos el agente literario de Nixon, Swifty Lazar (interpretado por Toby “Capote” Jones) y su asistente de confianza Jack Brennan (Kevin Bacon), el hombre que tal vez más haya velado por su bienestar. Frost (que está interpretado por Michael Sheen, el actor que hizo de Tony Blair en La reina) era popular como presentador, pero no tenía ningún prestigio como periodista y se lo consideraba un entrevistador débil y complaciente, por lo que tampoco nadie daba dos pesos por los resultados del programa. Ahí es donde entra su equipo de producción, integrado por los investigadores Bob Zelnick (Oliver Platt) y Reston Jr. (Sam Rockwell), que lo ayudarían a preparar las preguntas y anticipar las respuestas de un hombre que llevaba demasiado tiempo defendiéndose de la deshonra pública.

El propio Nixon aparece demasiado alerta ante el nuevo mundo político que abría la televisión. El hombre se había convencido de que los primeros planos electrónicos estaban creando un lenguaje diferente y que, frente a un adversario con aspecto de estrella de cine como Kennedy, la imagen del sudor brillando sobre su labio superior le había costado las elecciones. “La gente que escuchó el debate por la radio me dio por vencedor”, dice con amarga convicción este personaje que había hecho su camino desde la pesada conciencia de su inferioridad de clase. Un complejo que en la película Nixon descarga en un monólogo etílico inventado por el guión de Morgan; una escena que por sí sola justifica la nominación de Langella, en la que el actor de 70 años, el hombre que fue Drácula, eludiendo la imitación, se sumerge sin disculpas, ni simpatía ni condescendencia, en la insondable amargura que el hombre arrastró hasta el fin de sus días. Langella es la gran fuerza dramática de la película; él es quien nos convence que aquel que por un momento vio en el desafío de Frost una oportunidad para dar su versión de la historia, hablar de sus menospreciados logros y revitalizar su carrera “volviendo a la costa oeste, donde está la acción”, va aceptando, conforme avanzan las grabaciones del programa, que su vida política está acabada. Langella lo interpreta sin negarle dignidad, como un gigante que se defiende con sus últimas fuerzas, y nos hace sentir que asistimos al momento mismo en que termina de desplomarse.

Las entrevistas Frost-Nixon –cuatro programas de una hora y media, resultado de la edición de casi treinta horas de grabaciones– fueron todo un éxito: sus 45 millones de espectadores la convirtieron en la emisión más vista del año y un record histórico en su género. Frost insufló nueva vida a su carrera y se volvió millonario. La revista Time le dedicó su nota tapa en mayo de 1977, un artículo que ensayaba un intento de explicación que, después del trauma, todavía volvía a su protagonista un personaje fascinante. “Sin importar cuáles fueran las motivaciones del presidente caído para dar la entrevista”, dice la nota, “la perspectiva histórica es extraordinaria. Por primera vez, Nixon enfrentó a un inquisidor solitario que pudo preguntarle sin restricciones sobre sus años presidenciales. Incluso el público que tal vez se haya hartado de Richard Nixon no podrá negar su temerosa fascinación y permanente curiosidad sobre el hombre que se convirtió en, y aún es, el antihéroe de Estados Unidos”.

(Mariano Kairuz, 15 de febrero de 2009, extraído de www.pagina12.com.ar)

Puede afirmarse, aun a riesgo de caer en alguna clase de ofensa no intencional, que el mayor mérito de

Frost/Nixon

es el de generar el deseo irrefrenable de ver las entrevistas originales que el conductor televisivo David Frost le realizara a Richard Nixon tres años después de su renuncia a la presidencia de los Estados Unidos. Afortunadamente, la última de esas cuatro emisiones especiales –dedicada exclusivamente al escándalo político conocido informalmente como Watergate- acaba de editarse en dvd en los Estados Unidos con la excusa del lanzamiento del film.

En una carrera hacia los Oscars que quizá sea recordada por muchos como la peor en años, el film de Ron Howard se destaca por su clasicismo dócil y unas ambiciones que no van más allá de la escenificación artística de un hecho puntual del pasado. Lejos de intentar alguna pintura de una época por demás convulsionada,

Frost/Nixon

se contenta con recrear –y, en algunos casos, literalmente crear- los prolegómenos de una presentación televisiva que marcó un antes y un después en la historia de los rayos catódicos, la demostración empírica de que las confesiones mediáticas de un estadista podían hacer saltar las agujas de los medidores de ratings.

No por nada, la estructura del relato juega de principio a fin con la idea del duelo de personalidades. Las de las figuras homenajeadas, pero también las de los actores que las encarnan: Michael Sheen como Frost y Frank Langella como el ex presidente, quienes venían de representar los mismos papeles en la pieza teatral de Peter Morgan (autor también de

La reina

) en la cual el film está basado. De forma tal que los dos primeros tercios de la película están dedicados, casi exclusivamente, a la empresa quijotesca del famoso talk-show host (nadie pronuncia la palabra “periodista” delante de Frost) a la hora de conseguir sponsors para un proyecto en quien nadie depositaba ninguna esperanza de éxito, preparando dramáticamente el terreno para el enfrentamiento final.

Resulta notable la falta de un cariz político que le de al film algún ángulo o visión particular, sea esta crítica, satírica o simplemente descriptiva. Esta limitación autoimpuesta es, paradójicamente, una de las bondades del film, al menos del que puede verse en pantalla (quizás no tanto de otro

Frost/Nixon

posible en la imaginación del espectador). Y es que, a pesar de que nada de ello podría suponerse en los papeles, hay algo lúdico en los resultados finales, cortesía de un Ron Howard que logra aquí una moderada redención luego de ese innombrable desacato cinematográfico con nombre de artista renacentista en el título.

Es como si la historia misma sacara lo mejor del realizador, quien nunca brilló con luz propia pero que, en sus mejores películas, siempre supo manejar el ritmo del relato sin que este perdiera interés. Es lo que ocurre con la carrera de obstáculos que debe superar Frost hasta llegar a la ansiada entrevista y lo que se potencia durante la interviú misma, donde el aspecto de contienda deportiva, de duelo de titanes en el cual el más débil termina venciendo al poderoso a último momento, cumple con todas las reglas de la película de deportes.

Más allá de la extraordinaria caracterización de Langella, quien logra insuflarle a Nixon una humanidad y un patetismo que lo transforman en el personaje más fascinante del film, es la visión de Frost la que parece teñir todo el relato: las consecuencias de los actos ilegales ejecutados por la administración Nixon no parecen significativos, sólo importa su confesión mediática, por tibia que ésta sea. Hay algo en

Frost/Nixon

que la hace, casi, irresistible.

(Diego Brodersen, 19 de febrero de 2009, extraído de www.otroscines.com)

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Usted puede confirmar la película de la próxima exhibición llamando al 48254102, o escribiendo a nucleosocios@argentina.com

Todas las películas que se exhiben deben considerarse

Prohibidas para menores de 18 años.



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