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[Por la especial extensión y complejidad de este texto, se planteará el análisis a través de cuestiones que segmenten y faciliten su desarrollo


[

Por la especial extensión y complejidad de este texto, se planteará el análisis a través de cuestiones que segmenten y faciliten su desarrollo.

]



I.1. Sitúa brevemente el texto en su contexto histórico-literario. Resume en unas líneas el contenido del fragmento, y analiza su coherencia a través de su progresión temática.



I.2. Las descripciones son una parte fundamental del pasaje, indica dónde aparecen y aclara su significado.



I.3 Señala las acotaciones del texto y explica cuál es su función en este pasaje concreto.



I.4. Basándote en el texto, ¿qué características puedes atribuir a cada uno de los personajes que aparecen en él?



I.5. Analiza la cohesión lingüística en la intervención de Clarín de los vv. 75-77: "¡Cadenita hay que suena! / ¡Mátenme si no es galeote en pena! / Bien mi temor lo dice".



I.6. Como parte de la cohesión lingüística del pasaje, identifica al menos tres campos semánticos que funcionan en el texto, y menciona las palabras que se integran en ellos.



I.7. Analiza los rasgos métricos y estilísticos del texto.



I.8. Menciona los rasgos propios del teatro del Siglo de Oro que has encontrado en el texto. ¿Cómo podría relacionarse el texto con la cuestión de la realidad y las apariencias?



I.9. Analiza sintácticamente estos versos: "¡Cadenita hay que suena! / ¡Mátenme si no es galeote en pena! / Bien mi temor lo dice". Señala qué tipos de pronombres, adverbios y conjunciones aparecen en ellos.



I.10. Analiza la estructura morfológica de

cadenita

e

inmóvil

. Indica a qué categoría morfológica pertenecen estas palabras.



LENGUA Y LITERATURA 1º BACHILLERATO



RESPUESTAS A LAS ACTIVIDADES PRÁCTICAS (TEATRO BARROCO)



I. Lee atentamente el texto y contesta a las preguntas.



I.1. Sitúa brevemente el texto en su contexto histórico-literario. Resume en unas líneas el contenido del fragmento, y analiza su coherencia a través de su progresión temática.



El texto corresponde al final de la primera escena y el principio de la segunda, en el primer acto de La vida es sueño de Calderón de la Barca. Nos hallamos por tanto ante un fragmento del

teatro español del siglo XVII

, en la primera mitad de la centuria –-se supone que la obra fue escrita entre 1627 y 1629–-, en unos años en que ya estaban perfectamente establecidas las normas de la comedia nueva tal como las había fijado Lope de Vega; Calderón por una parte continuará el camino emprendido por Lope, y por otra introducirá modificaciones en sus fórmulas teatrales.

Los versos anteriores a los citados son justamente el inicio de La vida es sueño, que comienza con la llegada a Polonia de Rosaura y su criado Clarín, ambos a pie porque en el monte se ha desbocado el caballo de la dama, que va vestida de hombre. En el pasaje citado se plantea el momento en que, ya con las últimas luces del día, Rosaura y Clarín descubren primero el edificio donde está encerrado Segismundo, y luego a éste entre penumbras, quejumbroso y cargado de cadenas; se nos muestran las reacciones de ambos viajeros, que coinciden en la sorpresa y la extrañeza ante su hallazgo, pero mientras en Clarín a la extrañeza se suma el miedo, en Rosaura parece dominar la curiosidad por saber quién es aquel hombre que hallan en estado tan lamentable.

La

coherencia

del fragmento se plasma en la progresión de la escena:

-- vv. 49-64: Rosaura cree ver un edificio entre las rocas. Lo describe.

-- vv. 65-72: Al acercarse junto con Clarín, ve que la puerta está abierta y el interior oscuro.

-- vv. 73-84: Escuchan ruidos de cadenas, y oyen una voz que se queja ("¡Ay, mísero de mí!...")

-- vv. 85-101: Distinguen en el interior de la torre una pequeña luz que finalmente les permite ver a un hombre, el cual, según la descripción de Rosaura, es "vivo cadáver" en "traje de fiera" y está cargado de cadenas y grilletes. Deciden permanecer ocultos para oír lo que ese hombre pueda decir.

Las palabras de Segismundo que van a escuchar Rosaura y Clarín son el famoso monólogo "¡Ay, mísero de mí, y ay infelice! / Apurar, cielos, pretendo...".

I.2. Las descripciones son una parte fundamental del pasaje, indica dónde aparecen y aclara su significado.



En primer lugar se describe el

lugar

donde sucede la escena y el

edificio

que alberga a Segismundo, situado "entre desnudas peñas", es decir, rocas sin vegetación alguna; es "palacio tan breve" que "el sol apenas a mirar se atreve": está tan oculto entre las grandes rocas que, en su pequeñez, apenas "mira" al sol, pues su luz difícilmente llega al edificio; está fabricado con tan "rudo artificio" que entre las numerosas rocas y peñas parece otro peñasco más que hubiese rodado desde la cumbre. La grandeza de las peñas está expresada con la imagen "de tantas rocas y de peñas tantas / que al sol tocan la lumbre", esto es, que llegan a tocar el sol. Como se ve, se describe con un notable grado de exageración literaria, de hipérbole. Lo mismo ocurre en la descripción (vv. 69-72) de la puerta de la torre como una "funesta boca" en cuyo centro "nace la noche", como si en ese centro naciese la oscuridad, pues está tan oscuro.

Otra descripción del pasaje es la de

Segismundo

. Su aparición en escena es progresiva. En primer lugar se oye un ruido de cadenas que surge de la oscuridad de la torre donde vive; ante este sonido, Clarín exclama: "Mátenme si no es galeote en pena"; el galeote era el condenado a galeras, que estaba encadenado. Al hablar de "galeote en pena", Clarín piensa sin duda en "alma en pena", es decir, en una especie de fantasma cargado de cadenas; en "Cadenita hay que suena" el diminutivo tiene connotaciones negativas -- este uso sigue vigente hoy, cuando de una noche horrenda decimos "¡Vaya nochecita!"-- y refleja el miedo de Clarín ("Bien mi temor lo dice"), pero al mismo tiempo intenta provocar la risa del público ante este miedo del criado, que podría deberse no sólo a pensar en la presencia de un fantasma, sino al hecho de que se trate del alma en pena de un galeote, sabiendo que los condenados a galeras solían ser delincuentes, y nada bueno cabía esperar del alma en pena de alguien con ese pasado. En segundo lugar se oye la voz del cautivo ("¡Ay, mísero de mí! ¡Y ay, infelice!"), que permite conocer un rasgo suyo fundamental: su infelicidad, como señala en seguida Rosaura: "¡Qué triste voz escucho!". En tercer lugar tenemos la descripción que de él hace la dama al verlo, antes de que lo pueda ver el público; lo presenta como "vivo cadáver" para dar idea de su palidez o su mal estado, o tal vez para insinuar que aquel edificio es para él una sepultura; luego precisa más, al indicar que es hombre en "traje de fiera" --vestido de pieles-- y cargado de "prisiones", sinónimo en los Siglos de Oro de cadenas o grilletes.

Previamente a esta semblanza de Segismundo realizada por Rosaura, se pone en boca de ésta la tercera descripción del pasaje, la que se centra en la

luz

que permitirá entrever el interior de la torre y finalmente al protagonista. Segismundo porta una pequeña o "breve luz", una vela que se describe a través de metáforas a veces tan brillantes como hiperbólicas: "Caduca exhalación, pálida estrella", una estrella de poca luz con "trémulos desmayos", pues tiembla con el movimiento de la llama. Esta vela, "luz dudosa", hace más tenebroso el lugar donde está Segismundo. "Pulsando ardores y latiendo rayos" son las metáforas más complejas de esta tercera descripción; relacionan la luz de la vela con el ardor de la llama y con el fulgor de los rayos, un fulgor en gran parte oculto; la pequeña luz paradójicamente "late" rayos; latere en latín significa "estar escondido": así el corazón late, o se mueve oculto bajo el pecho; los rayos se ocultan tras la mínima llama; pulsar podía significar "tocar" pero también "latir", luego la luz toca ardores o "late" ardores.

Es necesario recordar, finalmente, que la escena del teatro del siglo XVII era en muchos casos muy pobre; descripciones como las que aparecen en el pasaje buscaban que la imaginación del espectador completase los muchos elementos que no estaban presentes en el escenario.

I.3 Señala las acotaciones del texto y explica cuál es su función en este pasaje concreto.



En el texto aparecen tres acotaciones: "Suena ruido de cadenas"; "Dentro Segismundo" y "Descúbrese Segismundo con una cadena y la luz, vestido de pieles". Como puede verse, las tres se aplican al personaje de Segismundo. En la primera, el ruido de cadenas es el primer indicio de la presencia de alguien en la oscuridad de la torre; la segunda ("Dentro Segismundo") indica que se ha de oír la voz del cautivo, sin que sea visto aún en escena. La tercera señala el momento en que Segismundo aparece ante los espectadores, y describe cómo ha de aparecer "con una cadena y la luz, vestido de pieles".

I.4. Basándote en el texto, ¿qué características puedes atribuir a cada uno de los personajes que aparecen en él?



Al personaje de

Segismundo

ya nos hemos referido en las dos preguntas anteriores.

El

criado Clarín

encaja en la personalidad del "gracioso" del teatro del Siglo de Oro. Como criado le está permitido tener miedo, lo que sería impropio de los señores y da lugar a la risa del público. También destaca su sentido práctico: propone a su señora (vv. 65-69) que dejen de mirar el edificio y entren en él, suponiendo que alguien habrá en su interior que los acoja con generosidad, pues están perdidos en tierra extranjera.

El personaje que se plantea con más complejidad en el pasaje es

Rosaura

; ya hemos señalado que en ella se aprecia la extrañeza, la curiosidad, el deseo de saber. Se ve también cómo un personaje de alta cuna controla el miedo que puede producir lo desconocido. Hay un momento en que Rosaura decide huir: "Clarín [...] Huyamos los rigores / de esta encantada torre" (vv. 81-82); sin embargo unos versos más adelante dice "Pues huir no podemos" (v. 99); un director de escena podría justificar la frase haciendo que los viajeros se hubieran situado en un lugar desde el que, habiéndose desplazado Segismundo, no pudiesen salir sin ser vistos por el cautivo. No obstante, esta propuesta escénica no es imprescindible, porque el genio teatral de Calderón pudiera haber pretendido que espectadores o lectores piensen en otra posibilidad: no es que no puedan huir, sino que más bien es Rosaura quien no quiere huir, porque no puede quedarse sin saber algo más de aquel hombre al que ha visto en estado tan lastimoso. Entre las razones para quedarse a escuchar se insinúa, en primer lugar, que Rosaura comparte con Segismundo su condición de "infeliz", por eso afirma: "¡Qué triste voz escucho! / Con nuevas penas y tormentos lucho"; "nuevas" porque se añaden a las que ya tenía: de hecho su primera intervención en la obra se cierra con estos versos, que aplica a sí misma: "y apenas llega cuando llega a penas. / Bien mi suerte lo dice, / mas, ¿dónde halló piedad un infelice?" (vv. 20-22). Hay otra posible razón más sutilmente sugerida para que la dama quiera quedarse; cuando escucha la cadena dice de sí misma "Inmóvil bulto soy de fuego y hielo"; el hielo puede apuntar a lo que todavía hoy podríamos definir como "quedarse helada" ante aquel sonido que proviene de la oscuridad, pero, ¿y el fuego?; en el siglo XVII, fuego se asocia a vida, a pasión vital, y también a amor; hay otro término empleado más abajo por Rosaura que también se vinculaba a lo amoroso: el "ardor"; la "breve luz" que porta Segismundo va "pulsando ardores", ¿ardores de quién? Podría ocurrir que Rosaura no pueda o no quiera huir, quiera quedarse a escuchar a Segismundo no sólo por curiosidad o por compasión hacia quien parece desdichado como ella, sino también por un incipiente sentimiento o presentimiento del que acaso ni ella misma es consciente, pero que será recíproco en el príncipe cuando la vea tras su monólogo y pronuncie aquellos versos famosos: "y cuando te miro más / aún más mirarte deseo" (vv. 225-226).

Finalmente, tanto Rosaura como Clarín están caracterizados también por el lenguaje que utilizan. Es más sencillo y directo el de Clarín. El de Rosaura, en cambio, es mucho más elaborado y brillante, como veremos al ocuparnos del estilo del texto.

I.5. Analiza la cohesión lingüística en la intervención de Clarín de los vv. 75-77.



Recordemos de nuevo los versos en cuestión:

Clarín: ¡Cadenita hay que suena!

¡Mátenme si no es galeote en pena!

Bien mi temor lo dice.

La

cohesión lingüística

implica que en esta intervención de Clarín se dan, en el ámbito interoracional, diversas

relaciones semánticas y morfosintácticas

, aparte de las

relaciones fonéticas

que se producen a través de la rima (suena : pena) y del ritmo, al que volveremos más abajo en la cuestión sobre la métrica.

En cuanto a las

relaciones semánticas

, ya hemos señalado las que se dan entre los términos cadenita, galeote y [en] pena, todos pertenecientes al campo semántico de la cautividad; también señalamos que cadenita y en pena se asocian a alma y a fantasma, y explican así el temor de que habla Clarín en el v. 77.

La cohesión lingüística de los versos se manifiesta en

relaciones morfosintácticas

interoracionales como las siguientes:

- Las referencias a la primera persona: “mátenme”, ”mi temor”.

- El uso reiterado del presente de indicativo: hay, suena, es, dice.

- El valor anafórico del pronombre lo, en "Bien mi temor lo dice", donde el pronombre hace referencia a los versos anteriores: eso que "el temor dice" es que el ruido de la cadena corresponde a un galeote en pena.

- Se trata de tres oraciones breves, sin las metáforas ni la complejidad de muchas de las expresiones de Rosaura.

I.6. Como parte de la cohesión lingüística del pasaje, identifica al menos tres campos semánticos que funcionan en el texto, y menciona las palabras que se integran en ellos.



Dos campos semánticos contrapuestos son el de la

luz

y el de la

oscuridad

, cuya relación por contraste permitiría integrarlos en uno solo. En el primero el término clave es "luz", que aparece en una ocasión en la acotación que sigue al v. 101 ("Descúbrese Segismundo con una cadena y la luz...") y en tres ocasiones en el diálogo: "la medrosa luz" (v. 52), "con luz dudosa" (v. 90), "y sólo de la luz acompañado" (v. 98). Otros términos que pueden incluirse en el mismo campo semántico son día (v. 52), sol (v. 53) lumbre (v. 63), rayos (v. 88) y reflejos (v. 91). El campo semántico de la oscuridad cuenta con términos como noche (v. 72), tenebrosa (v. 89) y obscura (vv. 90 y 93). Un argumento a favor de considerar estos dos campos semánticos unitariamente es que de hecho hay palabras que pueden integrarse en ambos, como las relacionadas con lo visual o la apariencia: vista (v. 50), veo (v. 53), parece (vv. 53 y 61) o mirar (v. 66); también otras como "[pálida] estrella" (v. 86), que hace referencia a la luz en medio de la oscuridad.

Otro campo semántico es el que se relaciona con la

arquitectura

: artificio (v. 59), arquitectura (v. 60), edificio (v. 60), puerta (v. 69), torre (v. 83), habitación (v. 90), prisión (v. 93), e incluso, si se considera el vínculo metafórico con que aparece en el texto, el término sepultura (v. 94). Este campo aparece combinado con otro referido a la

montaña

: peñas (vv. 56 y 62), rocas (v. 62), peñasco (v. 64), cumbre (v. 64).

Por su relevancia en el texto, y en La vida es sueño en su conjunto, cabe destacar el campo semántico del dolor, la

desgracia

o la

tristeza

, con términos como mísero (v. 78), infelice (v. 78), triste (v. 79), penas (v. 80), tormentos (v.80), rigores (v. 82) y desdichas (v.100).
2010-07-19 18:44 Читать похожую статью
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